Situación. Perversos. Situados.
La juventud es foco de reproches, de descalificaciones, señalados por su falta de conciencia política y de su derechización o sublevación. Parece que todo el movimiento europeo desde Serbia hasta Portugal ha cogido a contrapié a quienes han hecho de “lo político” una mercancía más con la que mercadear en el espectáculo televisivo al que nos tienen acostumbrados. Solo hace falta ver las declaraciones de ultraderechistas y/o pseudoinfluencers tras la desgracia ferroviaria –o cualquier otra– que ha ocurrido en España. Como son las emociones, los afectos, los que reinan el espacio político solo importa la velocidad a la que reacciones a lo que ocurra.
La cantidad ingente de comentarios negativos acerca de las organizaciones juveniles, sus opiniones en redes sociales o televisión son cientos de anzuelos, algunos más imaginativos que otros, para configurar una opinión acerca de lo que la rabia y el cansancio del cansancio han producido. Al resquebrajarse los moldes del individualismo como ha venido sucediendo, es necesario apelar a cierto tipo de imago afectiva con tal de sostener la línea de producción del status quo. Como cuando el capitalismo falla y sacan a los perros fascistas –o cualquiera de sus nuevas máscaras– a tapar/callar sus contradicciones. Pero como estamos viendo, estas contradicciones son cada vez más amplias y destructivas, dejando inutilizados los parches que se han ido aplicando y enseñando con mayor fiereza la violencia que se ejerce con tal de que todo siga el curso deseado por poderes oligárquicos.
Solo hace falta mantener conversaciones con quienes hablan en otras latitudes, en otras tonalidades, en otros ritmos a los que las ondas televisivas no están preparadas para ver cómo una hiancia se ha abierto en el seno de lo instituido. Por ejemplo, la fuerza de la organización juvenil –Generación Z porque son la última generación, se dice entre risas– reside en el rechazo a la farsa política de un sistema que no quiere morir en paz sino llevarnos por delante a todos –y a Marte a unos pocos–. Como dijimos antes: cansados del cansancio, de los estados de malestar. Tras una constante caída del sindicalismo desde hace ya décadas se ha filtrado en la textura social dosis ideológicas para aceptar el sistema laboral sin mencionarlo como dispositivo de control ni constructo social, ¡Tu salario depende del valor que aportas! reclaman quienes siguen viendo en la ley de Oferta y Demanda un mantra lo suficientemente consistente como para justificar el funcionamiento de todo. Irónicamente, no es realista la organización obrera por la vida digna, pero el equilibrio precio-aceptante de toda la humanidad se da en un mercado que siempre aparece ahí donde se cita. Un mercado elevado a divinidad, una divinidad devenida en mercado.
Señalamos las dosis secuestradas que ya lejos quedan con los prometedores años de un capitalismo “igualitario” donde todos pudiéramos avanzar con las migajas o méritos conseguidos. Tras las tragedias vienen las farsas y tras estas, algo semejante a lo que estamos viendo. El poco conocimiento de la teoría del valor que podamos tener nos adentra en la imposibilidad de lo que se nos dice, nos revela la mentira que nos ocultan, nos muestra la contradicción de un capitalismo que solo puede seguir estrujandonos buscando cada vez más, pequeñas pepitas de plusvalia entre tanto escombro.
Mientras tanto: ¡Los tecno fascistas y neo oligarcas proclaman la ilustración oscura! ¡Posthumanismo quienes no han entendido nada del ser humano y solo aprendieron a repudiar sus limitaciones! Leemos: Rechazo de lo que odian, porque lo odian todo, la conjunción perfecta de dos pasiones: odio e ignorancia. Mientras un deseo, la acumulación, se expande por cada cuerpo individualizado como su propio cáncer, insuflando plusvalia como una metástasis corrosiva que deja fuera de servicio la vida. La pulsión de muerte, como se cree en algunas corrientes psicoanalíticas, no necesariamente desemboca en suicidio o aniquilación, a veces simplemente es autosabotaje que puede irse de las manos.
Nos revelamos contra todo antes de que nos quiten todo lo que da valor a nuestras formas de vida. Empobrecida sustancia queda ya en las relaciones, en la vida compartida, en el trabajo de nuestras manos…¿Cómo sobrevivir aquí donde se ha secuestrado todo? donde lo que es trabajo es trabajo y lo que no es trabajo también lo es. Vivir, se vive como nos dejan, hasta que decimos basta, hasta que nos miramos a los ojos. Las actuaciones por doquier, en cambio los actos, invisibilizados hasta que es inevitable no verlos. Nos echan de las casas y nos venden el sueño utópico de los pueblos, de las caravanas, del restaurar viejos camiones, nos dejan las sobras de sus mansiones, los sobrantes de “sus” obras…
Nos odian, pero no tanto como podemos odiarlos desde el excedente desde el cual los vemos. Excedente del sistema, lugar aperceptivo desde el que observar la crueldad legal con la que operan: un desokupa y cincuenta policías. Nuestra ventaja es sencilla: siempre estamos ahí. Sabemos cuándo enseñar odio y cuando argumentos de peso, vomitar cuchillas como brujas en prime time, andar por aceras y parques y desaparecer en un anonimato que, sencillamente, es la misma calle donde siempre hemos vivido. Lo rechazamos todo, porque cada vez queda menos a lo que agarrarse, con lo que sostener y sostenerse en este paraje desertico donde a duras penas algo puede florecer. La fiebre juvenil se esparce sin dirección alguna por toda Europa, pero la juventud solo es lo que siempre hemos sido; un reclamo por vivir indefinido, por vivirlo todo.
Lo rechazamos todo porque no podemos seguir soportando el constante robo de nuestras casas, la privatización de nuestras plazas, el descaro de sus gobiernos, la sangre de nuestros iguales en el frente de sus guerras… sentimos el asco en sus miradas, en sus gritos de pacotilla, en sus declaraciones insulsas y sus videos generados por inteligencias artificiales; son el rostro de las máquinas que cuestan reconocer. Hacerles sentir vergüenza es una tarea que el arte tiene pendiente en lugar de decorar sus conversaciones o sus alcobas. Pedimos, reclamamos, un reencuentro con la expresión comprometida, un regreso a la militancia artística de quien sufre el secuestro de un mundo que ya no puede escucharles.
No queda ninguna institución a salvo, ningún presidente al que mantener. Si Macron prohíbe las manifestaciones ciudadanas y las enmarca en un derecho puramente sindical, es porque los sindicatos están en el ajo, participando de las reglas del juego. CCOO y UGT, también. Que te crees, ¿que no lo están? Catorce años desde la última Huelga General en España. Minúsculas muestras tras la pandemia, tras la guerra de Ucrania… No apoyamos ninguna institución permanente ni ese modelo rancio de ciudadanía, no confiamos en nada que haya estado diseñado para la manufactura de un nosotros corrompido. No queremos nada de esto en el siguiente punto de partida, allá donde vayamos. Usar la paranoia de forma estratégica allá donde sea susceptible la infiltración de policías. Afinar la escucha antes que la reivindicación sin dejarla estanca y provocar cerrazones en la circulación de las organizaciones civiles.
Detienen a manifestantes y los extorsionan para ponerlos a su servicio. Ya no saben qué hacer para controlar el tumulto pacífico. ¡Pacífico! Lo que se vio en Barcelona, los actos violentos, estaban orquestados telemáticamente por Israel, EEUU y sus sirvientes de Vox. Blocus, búscalo. Vete a saber qué más lo estará o qué otras organizaciones habrá por ahí rondando, aunque igual puede ser una operación europea para desestabilizar las protestas (recuerda los estados de excepcionalidad y la consecuente ampliación de medios de control¹). Sabemos que actúan así, sabemos por dónde se filtran y cuales son sus intereses y no, no es la desestabilización geopolítica a su favor, es la manutención de una constante atmósfera, una estructura de sentimiento que perpetúa una serie de pensamientos, deseos, apegos y afectos. Tenéis derecho de manifestación, solo os falla el cómo. Dispositivos de control que, cual repetidores, reproducen e instauran flujos de información, vacuolas e institucionalizaciones flotantes del discurso. No nos dirigimos a otro lugar, pensamos desde allá.
-¿Dónde? -te preguntas.
No importa. Descuida, no nos vamos a mover. Estaremos en un lugar inexplorado, tan lejos como en sus entrañas, no huir de la deserción, abrazar banderas creadas espontáneamente sobre la Osa y el Madroño, en los Campos Elíseos, en las bicicletas que partieron desde Novi Sad… liberar los mundos del Mundo de quienes saben que nada irá en la buena dirección sin apuesta ni organización. No hay pacifismo en quien no tiene armas, ni en quien no tiene la capacidad de secuestrar o engañar a sus perros de presa. No hay pacifismo en sentarse a esperar los golpes o en jugar a destapar policías infiltrados sino en ahorrarnos los moretones mientras, como druidas, nos bañamos en las derrotas del enemigo que cree haber ganado. Creemos en un pacifismo que dispone de las armas suficientes para la insurrección, en el pacifismo de quienes saben imponer un límite; en el pacifismo de quienes reivindican una vida digna y una insurrección urgente. Sí, contra todo lo establecido, contra todo el cíclico viejo-nuevo orden que nos consume hasta la última gota de sangre y sudor. Les odiamos, porque el odio marca una dirección. Porque no hay revolución sin sentimiento. Pero no te equivoques, el resentimiento no será nuestra tumba ni tampoco el lugar donde afilamos nuestras palabras-cuchilla sino, por otro lugar, donde el 99% nos encontramos. No porque volvamos a un lugar pasado a sentir algo que ya fue, sino que nos volvemos a encontrar con las mismas miserias que no han cesado de jodernos la vida a todos y, todavía, siguen siendo parte de nuestro calvario diario. El resentimiento no hacia atrás sino de registro de “esto ya lo he vivido… ¡mierda!”, y ponernos a descuartizar todo aquello que lo ha vuelto a hacer posible, empezando por denunciar los ataques teledirigidos con colaboración interna que se han venido sucediendo por toda Europa. Reconocer quiénes son los cómplices y agentes para coordinar una estrategia contraefectiva, organizarnos y pensar por dónde continuar la construcción de los sostenes de vida.
He aquí la reaparición del situacionismo: es en el momento en el que se repite la misma historieta en el que podemos recuperar la Historia. Sacarnos de esta situación estanca, situándonos allí donde se dé el pulso, situacionando lo que se repite para dar paso a lo que, potencialmente, puede ser.
Equipo Metaxis
30/10/2026
Cosas raras están sucediendo. Los estallidos de pillaje y violencia desbocada en Barcelona y Bilbao no parecen responder a ninguno de los procedimientos por lo que usualmente se realizan estos actos civiles. Ni tampoco la actuación policial, que recuerda que llegó una hora tarde en el caso de Bilbao y se demoró en Barcelona, responde así a este tipo de actos vandálicos. Las consignas eran como de una España Estándar, descripciones como “para salir del paso” y simbología de peña que no tiene ni idea del sitio en el que se encuentra. Manifestaciones burdas, informativos burdos, políticos burdos, juventudes burdas. ¿Qué corchos buscan estas manifestaciones de violencia? ¿Hacia dónde se dirigirán estas desestabilizaciones de violencia próxima a la pureza ideológica dada la aleatoriedad de los actos?