Número V

VII/MMXXIII - ESTÉTICA Y RELIGIÓN 

A lo largo de este número dedicado a conceptos tan vastos como Estética y Religión, hemos dejado que el mismo proceder de nuestras demandas hicieran su efecto sobre la textura de la cotidianeidad hipervirtual. Planteamos dos pretextos cuya fuerza se ubicó en el cuestionamiento mismo de sendos palabros con un fin meramente arqueológico. Lo interesante, a fin de cuentas, no fue atender al evento fundacional sino la posibilidad de dotar, desde dicha aglutinación conceptual originaria, la posibilidad de tomar el testigo de aquella intención primaria, reconocer sus mutaciones y reconstruir las historias que han quedado sepultadas, los caminos silenciados por la narrativa de los vencedores, exorcizando a su vez los enquistados manierismos que han llevado a la paradójica conservación de la pulsión suicida. ¿Para qué? Para reconciliarnos con las raras intuiciones de un amor por la existencia que decidió en cierto punto actuarse pero se vio sumida por las fuerzas de narciso, estructuras de poder imperialistas temerosas de lo diferentes, gobernar, gobernar, gobernar... Con este ritual que es el de la escritura hablamos, conversamos, pensamos, sobre esos restos espirituales que sin saberlo ya forman parte de nuestras futurologías. 


Para muestra de ello, en estas páginas hallaran distintas resonancias que nacen de una preocupación latente, sobre todo en la ya mencionada época del espectáculo por Debord, donde la imagen y el culto se entrelazan aun en la secularización de los tiempos positivistas responden a la urgencia de una más precisa forma de control. La constitución de los imaginarios ya no es lo que era en su día. Las imágenes difícilmente fascinan si no se les insufla un movimiento o están cargadas de erotismo para todos los públicos. No deja por ello de ser una muestra más del estatuto antropológico que circula cual espectro triste y agotado. La captura de la atención, la hiperconectividad y su consecuente necesidad por apagarlo todo, nuevos aros hechos de formularios online, de acumulación por otros medios... ¿Cómo representar lo humano si la sincronía entre los avances tecnológicos y el entendimiento está más que estropeada? Que sepan usar las tecnologías no quiere decir que se las entienda. Navegamos sin saber que es un mapa. La historia devino story. Pero ¿estamos a la altura de los tiempos que corren? 


Entre otras preguntas nos hemos hallado con algunas más. Incluso con respuestas que nos llevan a dejar atrás ciertas preguntas y a recalibrar otras. Así, encontrarán en estas páginas un fragmento de la obra de Hans Belting, Imagen y Culto, cedido generosamente por la editorial Akal; cuestiones referente a un estudio contemporáneo de lo religoso por Ignacio Castro Rey; la oportunidad que brinda la espera y el juego al que invita la esperanza acorde con Andrea Köhler en El tiempo regalado por el director de Revista Popper, Alfonso Marschal; la profusa exploración de la campaña cibernética llevada a cabo por la Iglesia Católica de la mano de Aida dos Santos; el Rabbit Hole que nace del emblemático Noli me tangere  por Margarita Fernández López; la entrevista al querido Colectivo Negu con quienes hemos hablado sobre su última producción cinematográfica en la que lo ominoso, la espera y la anarquía son las notas espirituales de su filme; y la que le hemos dedicado a la querida Miriam Rodríguez del Real, con quien hemos sentido un grato placer al conversar con ella sobre el amor y sus multiplicidades, la mercantilización y capitalización de la espiritualidad, la recuperación del asombro como fuerza estética, entre otras punzadas; por último, en Dialogando entre escritos, tratamos el escrito de Laura Llevadot, Mi herida existía antes que yo, y el primer libro de la colección de Hanzi Freinacht, The Listening Society. 

Pre-Textos del número


Empecemos por aquí: la ligazón entre estos campos solo es posible desde la imposición de cierto distanciamiento de lo que se da. Esta distancia analítica que rezuma de sendos campos de estudio nos parece hijas de la soberbia. Mientras la estética podríamos datarla del 1750 con la obra homónima de Alexander Baumgarten, los estudios de sobre religión el asunto nos queda más difuso. Cierto es que tenemos registro de que en la antigua Grecia la belleza y la experiencia de la misma fueron tratados por Platón (Fedro y República), Aristóteles (Poética y Ética a Nicómaco), Jenófanes (en sus fragmentos filosóficos, al igual que Demócrito) o Hipócrates (Sobre la naturaleza del hombre). También en el Renacimiento encontramos a Leonardo Da Vinci o a Giorgio Vasari. Pero no fue hasta el siglo XVIII con Baumgarten que instituyó el campo de los estudios estéticos, señalando en su obra cómo este tipo de reflexión sería un parapeto en el que resguardarse espiritualmente ante el avance aplastante del racionalismo, la ética o la lógica.

¿Qué pasa con la religión? Si seguimos los estudios realizados por Jason Ananda Josephson Storm en “The Myth of Disenchantment” (2017) y “The Invention of Religion in Japan” (2012) vemos que tanto el famoso y destructor tropo “del mito al logos” o, como lo traduce Ananda, desencanto, y la creación del término ‘religión’ en el japonés durante la era Meiji (1868-1912), inexistente previamente, nos trae de nueva esa misma aseveración con la que empezamos este Pre-Texto: se impone un distanciamiento analítico con lo dado.

¿Qué motivación nos lleva a este “tomar distancia” de nuestras prácticas diarias? ¿Dónde situar la teoría crítica para que esta distancia no acabe con ciertas prácticas o mitologías y acabemos cediendo lugar a la búsqueda incesante de la objetividad, la certeza y la verdad?

Recordando a Deleuze y su predilección por la fuerza de las ficciones inauguramos este Pre-Texto en el que el cuestionamiento de sendos campos no busca su extinción sino la aniquilación del parásito que copula en su seno tornando el mismo acceso en parte de una maquinaria biopolítica e instrumental que tritura el encuentro, la presencia y espiritualidad por una homogeneización y codificación cibernéticas, paradójicamente, teológicas.

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¿En qué momento la estética dejó de formar parte integral de la religión? ¿Se sucedió este cambio a través de un proceso de secularización? ¿Busca acaso la estética en su práctica cierta religiosidad? Representaciones de lo real, delirios geniales, pinceladas pulsionales y llenas de gracia divina, posesión infernal, caos manifiesto, verdad, siempre parcial, no toda.

Si rastreamos sendas palabras hallamos que ambas nacen de una urgencia analítica, clasificatoria. ¿Qué es arte? ¿Qué religión? La invocación de conceptos parte de una intuición, una confluencia de diversos procesos que lo inauguran. Desde su nacimiento hasta la fecha actual sólo hemos contribuido a este afán acumulativo. Si bien su uso ha permitido marcar la diferencia entre lo que es y lo que no, qué tipos, variables, autores, escuelas, prácticas, ontologías, dioses, etc., ¿a quienes sirve esta distinción? El lugar de enunciación que provocan sendos campos en la construcción del conocimiento nos plantea la siguiente pregunta: ¿para qué queremos saber eso? Nos da la sensación de que ya no podemos volver a meter la pasta de dientes dentro del tubo. ¿Dónde queda la religiosidad en la era del hiperconsumo? ¿Dónde la creación artística cuando todo puede “estetizarse”? ¿Y qué hay de sus papeles sociales? ¿Qué hay de la experiencia religiosa, el amor, la contemplación de la belleza? Parecieran tornarse remanentes imperativos de estas dinámicas de poder que emanan de las imágenes paralizantes del acto político, de las Religious Experience®, de las artificiales ars amatoria contemporáneas…

¿Qué papel podría tomar la creación artística? ¿Cuál la exploración de nuevas espiritualidades al margen de reducciones que todos conocemos? ¿Y el amor? ¿Qué hay de este excedente inasumible? ¿El amor de Afrodita o Medea? Estos vínculos, con el más allá, con el más acá, con la alteridad irreductible, cuando aparecen, ¿tomaremos la oportunidad para darles voz y generar los procesos que restan potenciales del encuentro?

En el aire se nota. Hay líneas invisibles que buscan coagularse en nuevos actos de resistencia. Aparecen de la nada cambios en los hábitos, el miedo de los que ostentan el poder se ha reducido a contar los días en los que aun no han sido derrocados, ¿no lo notas incluso teniendo que ir a currar 8 horas al día allí o cuando la condescendencia demanda reposo? ¿No hay ganas de ir a los valores y dejarse de casas de espejos? ¿Cómo es ese arte que sabe que arriesga por desvelar lo que todos están pensando?

Estas serán algunas de las cuestiones que seguimos explorando en este número con vuestras colaboraciones y diálogos que venimos teniendo.