Esquejes de los recientes acontecimientos
Las grandes potencias utilizaron la crisis del 2008 como pretexto de austeridad y reposicionamiento político. Las masas contestaron con una oleada de protestas a nivel internacional. Desde las grandes concentraciones en España, Grecia, Francia… hasta el Ocuppy Wall Street, pasando por la Primavera Árabe y desembocando en los movimientos de Chile y Hong Kong. A su vez, la ola feminista, el Black Lives Matter, los movimientos contra el clima… tod_s ell_s habían heredado la fuerza de lo que a principios de siglo se llamó el movimiento antiglobalización. La clase trabajadora internacional había comprendido que el sistema les estaba dejando de lado, que no tenía sentido seguir sosteniendo constituciones desfasadas actualizables solo cuando se trataba de penalizar sus derechos.
Todo ello se vió frenado de golpe con la aparición de la pandemia del Covid. El virus apareció y cambió toda manera de socialización a nivel mundial aun con la aparente “normalidad” restablecida. Los gobiernos se abrazaron a los estados de alarma, de excepción y no dejaron ningún resquicio de las movilizaciones de la década anterior. Pocas cosas consiguieron pasar el confinamiento, pero sí lo consiguió una islamofobia que desde el 11-S se ha convertido en un atributo fundamental para la comprensión de Occidente.
La Guerra entre Rusia y Ucrania, la militarización de Europa, el Genocidio Palestino… nada parece accidental y, desde luego, no lo es. Son síntomas, señales, destellos de un devenir histórico al que estamos abocados. Ninguna potencia desaparece en silencio, ningún sistema se echa simplemente al lado para dejar pasar al siguiente. El mundo utópico que en algún momento habíamos podido imaginarnos, no ha simplemente desaparecido, cada vez queda menos tiempo, menos momentos, encuentros, con ese potencial hacia otra cosa.
¿DÓNDE ESTAMOS?
Ha pasado ya un mes, un mes demasiado largo… demasiado de todo, desde que miles de inmigrantes entraron en Ceuta a través del mar. Un mes en el que el gobierno de España ha demostrado, aunque ya lo supiéramos, que no se puede contentar a todo el mundo. Aquello burdo que dicen sobre la imposibilidad de “sorber” y “soplar” a la vez. No, no se puede estar a favor y en contra de EE. UU., la OTAN, la UE o cualquier organismo/ente que mantenga el famoso statu quo que sostiene el infierno en el que oímos los llantos y desesperación del pueblo palestino día tras día.
España, mejor dicho, el PSOE, sigue abrazándose a la idea socioliberal de que aún se pueden recuperar antiguas posiciones políticas, parecen deseosos de cerrar los puños en una habitación solitaria y pensar mucho en el pasado para aparecer allí de nuevo como si nada de esto hubiera pasado (About the time). Quizá no le venga nada mal a Pedro Sánchez, vista la persecución política de su entorno, poder regresar a la España mejor que nunca existió, pero que mantenía esa mentira democrática del turnismo. Quizá tampoco venga del todo mal para toda la población que, creyentes o no en el “sanchismo”, está temerosa de los resultados de las próximas elecciones generales viendo lo que ya está sucediendo alrededor del mundo. Quizá debamos dejar, como se ha dicho tantas veces, de creer que todo puede solucionarse con el talante y las buenas conversaciones y empezar a crear (y creer, en las) redes vecinales, sindicales y demás para operar en las abandonadas dimensiones de la política comunalista, en los márgenes de la tramposa representación democrática de partidos que, distractiva, permite a la población sostener la ilusión de la “participación”.
Dicen que las manifestaciones en apoyo a Ceuta están repletas de ciudadanas y ciudadanos de izquierda y derecha, también dicen que no están impulsadas por ninguna idea de odio y que quienes están sobreviviendo desde hace más de 30 días en una playa al otro lado del mediterráneo (pero en territorio español) no son exactamente pobres en busca de ayuda. Se habla de la “invasión marroquí” como si quienes se han jugado la vida —y quienes ya la han perdido— al pasar la frontera, no sean las primeras víctimas de todo este tinglado geopolítico que les excede y del que, sean conscientes o no, poco pueden hacer contra él. Nadie va a sostener que el niño de ocho años al que dispararon balines mientras dormía fuera agente de ninguna potencia extranjera.
Hay poca distancia entre la conspiranoia y la militancia, pero esa delgada línea debe defenderse y no sobrepasarse. Quien busque algo más complejo que una escasa capacidad europea en el mantenimiento de las fronteras exteriores, de una crisis permanente marroquí, de una posición española a favor del pueblo palestino y de una estrategia mundial a favor de promover las ultraderechas, podrá terminar hablando de Pegasus, de las deudas del PSOE a Marruecos, pero no deberá olvidar que ese camino tiene el mismo recorrido que tendría con los posicionamientos de VOX, PP o cualquier otro partido en el gobierno. El problema, y molesta volver a repetirlo, está en la mentira europea de la que somos cómplices. Allí, tras nuestras fronteras, también hay vida. Y no vale simplemente referirse a lo sucedido, a los cientos de inmigrantes marroquíes (o no) como una crisis humanitaria: la verdadera crisis la hallamos en la gestión de mierda que se ha hecho (aunque igual nos estamos acostumbrando, para mal, a ello con los ejemplos que tenemos de la vivienda, la ley mordaza, el desmantelamiento sostenido del sistema sanitario, la microeconomía o macroeconomía y un largo etcétera). Aun así, esta crisis humanitaria viene de largo, incluso antes de que escucháramos “PPSOE la misma mierda son” o que viéramos el ascenso de intentonas de izquierdas y demás gestos bienintencionados. ¿Qué basura de antropología configura y produce las representaciones sociales que han estado circulando por los medios de comunicación? ¿Y si la crisis humanitaria la hallemos precisamente en que ello funcione, que se ancle, que suscite simpatía?
No puede sorprendernos que a la par que la alemana AFD gana unas elecciones regionales en el centro de Europa, en el sur también se persiga al extranjero sin ninguna piedad; es uno de sus líderes quien ha reconocido que la idea era volver a tornar el arriba/abajo en un adentro/afuera de las naciones para justificar la precariedad que se ha naturalizado. Again, esto no es nuevo. El mismo discurso viene recorriendo Europa desde hace años: inmigrante = violencia. Es sencillo, Europa tiene que ser defendida, el viejo orden debe prevalecer. Pero ¿qué es Europa sino un proyecto mortífero y claustrofóbico? ¿No es EE. UU. una Europa acelerada y desvergonzada? ¿No es la libertad que tuvo Trump para construir esos muros en la frontera con México una equivalencia liberada de lo que sucede en esta zona del mapa? No es de extrañar que Meloni aproveche este hecho para posicionarse contra el gobierno de Sánchez, ni que la mayoría de los países europeos la secunde en su crítica al Acuerdo de Schengen, del que, curiosamente, Ceuta y Melilla no forman parte de pleno derecho. Tampoco que la Europa del norte que desde siempre ha sido racista con el sur se posicione a favor del incumplimiento de la ley y las deportaciones masivas. Si Europa cree en los derechos humanos (como seguramente crean) y se tiene que hacer esto, es sencillo: el inmigrante debe dejar de ser visto como un humano y pasa a ser catalogado como aquel sacrificable (si antes no se le consideraba como mano de obra barata). La segregación, desde siempre, no ha dejado de estar presente, es más, se ha vuelto cada vez más precisa, tecnificada, gracias a la europeización de la cibernética y su diseminación por todo flujo informacional haciéndola deseable, requerida, necesaria. Así, se habilita un tipo de discriminación justificada basada en números, porcentajes y economías en caso de que el nacionalismo no termine de calar divisoriamente entre amigos y enemigos o el círculo vicioso del entretenimiento-aburrimiento-impolítica-idiotismo nos suma en su pegajosa espiral pantanosa.
Lo cierto es que es difícil no estremecerse viendo todo a nuestro alrededor… las potencias nacionales se enfrentan entre ellas y parecen posicionarse frente a un cambio en el orden mundial que no termina de llegar, pero que sin duda se encuentra a la vuelta de la esquina. Desde hace años la retórica bélica se ha incrustado en nuestro día a día. Lejos quedan los años de los tipos de interés altos, los depósitos y el sistema del bienestar mantenían una hipócrita paz social que simplemente tapaba todas nuestras carencias como sociedad. Las peleas sindicales, aunque resuenan con fuerza, parecen condenadas al malmenorismo y cada vez más lejos de verdaderas conquistas de los trabajadores y ahí, en esa incertidumbre y malestar, con una población nacional impolítica y decepcionada aparecen los ruidos del fascismo y su consecuente paranoia. Dudamos de que haya una inmensa mayoría que no sepa que Trump, Netanyahu o Milei sean unos verdaderos malnacidos o que, a Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg, y el harén de zombis que se han visto arrastrados por el mismo autosabotaje neoliberal, les interesa un pimiento el devenir de una vida general que hace tiempo que no habitan. La agenda global (no la Agenda2030 de la que poca gente se acuerda ya) consiste en erradicar cualquier paz, colaboración o unión internacional entre clases, empujandonos hacia un tecnohumanismo cuyo fin consiste en enfrentarnos y acallar, de una vez por todas, la mínima chispa que pueda despertar una gran mayoría abocada (perdón por la retórica bíblica) a un nuevo deambular por el desierto durante siglos. ¡Y no están lejos de conseguirlo! ¡La brecha es cada vez más estrecha! La conversación que debería estar entusiasmando y formando conspiraciones alegres, en vista del avance de la IA, es cómo podemos trabajar menos ampliando nuestro tiempo de ocio. Pero no, lo que se impone, cómo ha venido sucediendo en las últimas décadas, es que cada vez trabajamos más, nos rompemos el lomo por varias partes a la vez y, en lugar de hallarnos en (o desear) una transición hacia el postcapitalismo, nos sorprendemos persiguiendo sueños escapistas que enriquecen a una minoría de rentistas tecnológicos. Palantir y X son dos caras de la misma moneda, del mundo diseñado que se está implantando y al cual hay que enfrentarse. ¿Cómo si no corre como la pólvora toda esa desinformación y propaganda fascista con lo de Ceuta? Los shareholders no son más que la justificación del aumento de la efectividad en la captura y engagement de esas afiladas redes sociales por las que, sin una militancia ni educación acorde, cualquier rageposting o pegote-post por el estilo suma y suma números de afiliados al, de momento, atrofiado sentido común. ¿Cómo es sino que, sorprendidos, vemos como gente que supuestamente tenía dos dedos de frente repostea o defiende “Ceuta es España”? ¿Cómo luciría un espacio digital alternativo, donde trabajar por optimizar el engagement sea algo vergonzoso e incluso repudiado socialmente?
En Ceuta, bajo el edulcorado nacionalismo español, se ven los ataques indiscriminados a inmigrantes, también a los nacionales que no les cuadre en sus estereotipos de españoles (con todo lo amplio que suene eso). En las concentraciones en apoyo a Ceuta se grita contra los musulmanes obviando que en esa ciudad el 40% de la población lo es, porque nunca ha importado nada más que eso, el Gran Otro. No importa la realidad, importa cómo se imponga el discurso del odio, cómo se cuenta que la gente de izquierdas apoya el apaleamiento de personas y blanquea el auge del fascismo por situarse bien bajo los focos (¡Cuánto miedo se cosecha en el Castillo del Vampiro!). Voces indetectables (probablemente irreales) que parecen llegar desde allí a través de cuentas bot y ultraderechistas rancios que nos narran cómo la violencia ha tomado las calles, cómo las niñas corren peligro de ser violadas, cómo los animales tampoco están a salvo de la barbarie que ha atravesado nuestro muro, cómo el plan de Mohamed VI sigue sus malvadas intenciones por reconquistar España y restituir Al-Ándalus, cómo TODO INMIGRANTE ha causado estragos de algún tipo porque ONTOLÓGICAMENTE (y no circunstancial ni relacionalmente) SON MILITANTES DE LA MALDAD. ¡Nos quieren robar nuestra cultura, nuestra forma de vida, violarla, pervertirla, disfrutarla como nadie aquí! ¡Se aprovechan de nuestra pesadilla! ¡Nosotros somos los únicos que podemos maltratarnos (y maltratarla)! Porque nunca se ha tratado de luchar contra la violencia tanto como de monopolizarla. No, no les asusta que existan apaleamientos nocturnos ni incendios provocados, que se reproduzca el discurso y la violencia machista, que se maten a animales indefensos (por hambre o por placer), que se restaure el imperialismo; les corroe la idea de no ser parte de quienes pueden ejercer ese poder.
Juego de Tronos, Attack on Titan o In Time son ejemplos de la segregación que se ha quedado en nuestro imaginario y cómo parece, cada vez con más fuerza, por todos lados. En esta oscilante inflación del darwinismo social, este nietzscheanismo de la sociedad de narcisos, sufrir la segregación deja de ser percibido como reproducción de lacra social para tomarse como oportunidad para brillar y luchar por algo (loquesea). Es curioso como Guerra Mundial Z se nos presenta veladamente para blanquear la estrategia de muros israelíes y presentándolos como eficientes gobiernos capaces de gestionar, mejor que nadie, la gran crisis final. El adentro ha de protegerse de una exterioridad cuya única finalidad es la de erradicar las bases de nuestra civilización, apalear a “nuestra” noción de normalidad y entregarnos al vacío de lo “abierto”. En nuestros muros vaga libre la ansiedad y la mercancía, pero son nuestras… no queremos que ninguna mano sucia pueda demostrarnos que no sabemos nada, que no sabemos gestionarla. ¡Ojo, ellos violan, roban y traen el infierno en la tierra! ¡Miradlos, han construido una mezquita en la playa con briks de leche! ¡Proteged al pulpo que han apedreado! ¡Los invasores vienen a nuestra tierra a morir de diabetes y a pagar ¾ de su salario por un alquiler!
CODA. Ilusiones transversales.
Ante su fascismo, nuestra solidaridad. Ante su odio indiscriminado, nuestro amor, compasión y agradecimiento. Ante todo lo que son y lo que representan, su oscurantismo y espíritu conservador, nuestra ilusión, nuestra lucha y fortaleza, nuestra organización y compromiso. Porque si paramos, siguen. Porque si nos rendimos, todo está perdido. En esta tierra quemada que quieren que pisemos, tenemos que plantar, tenemos que crecer, seguir. Porque si sueñan con Marte, que nos dejen la Tierra. Porque si solo entienden de rivalidad y competencia, no dejemos de mirar el océano de deseos y sentimientos que pueden impulsarnos. No luchamos por lo naif, luchamos por la apertura, por la clase trabajadora, por un amor internacional que no entiende de fronteras y que no puede ser frenada por el Mediterraneo. Si su imperio de la derecha, si su Alt Right, nos desprecia como wokes, nerds o idealistas… dejadnos los sueños que desde allí venimos, que desde allí ganamos. Que si tienen los altavoces, nosotr_s somos la voz. Que si toman los medios, quedaremos en la multitud de espacios, queremos el encuentro; la situación. Una pancarta al suelo, una simple bandera flota, un rumor a la deriva que nos inspira y nos recuerda que al fascista se le combate siempre. Siempre. Siempre.
No es un lugar al que se apunta, no hay imágenes que ilustren el destino sino distancias con lo universal, contra aquello que el fascismo se encarga de ubicar en un paraíso terrenal que, tiempo atrás, fue robado, sustraído (y por ende envidiado en cada sonrisa y disfrute del cualquiera). Tod_s, y cuando mencionamos a tod_s, son tod_s, pensamos en las transiciones y complejizaciones que hemos de transitar con tal de que nadie se quede atrás, que tod_s puedan vivir en dignidad a pesar del goce, del autosabotaje que nos caracteriza. Amistarnos con planteamientos que nos inmunizan ante nuevas apariciones del fascismo con cada nueva crisis del capitalismo (mira, ya estaban tardando en aparecer). El único destino que parece ilusionar estos últimos meses es la constatación de lo que resulta de la unión popular, de la vuelta a los lazos y redes sociales, donde el cuidado es tan potente que deja las líneas imaginarias fronterizas en ridículo como cuando vemos lo sucedido en Ceuta. La falta de vergüenza no solo es la cantera de la que, día a día, más y más toman la vía regia de la pasión por la ignorancia abrazando el socavamiento de su vida y de los cualquiera. La percepción no sólo se ampliará carcomiendo las formas de vida fascistoides permitiendo visualizar las distancias sino también plantear por dónde empezar a achicarlas.
Equipo Editorial Metaxis
15/09/2026