Reflexiones en torno a la hiperpolítica española


A los que nos criaron sin bozal, nos gusta ladrar.


Recycled J

 

Algo ha cambiado, tantos pasos hacia atrás de la ciudadanía habían dejado vía libre a la derecha (extrema derecha) y parece, que ya se ha tocado pared. No tenemos ni idea de cómo será la pregunta con la que podría abordarse pero nos vamos a arriesgar con una: ¿qué cojones está pasando con nosotr_s en la política? 

 

Estos últimos días hemos podido ver cómo se define parte de la población con lo sucedido en Ceuta, también como el grito por la vivienda ha inundado el país de tiendas de campaña consiguiendo convertirse en el principal tema de la próxima campaña electoral. Podemos rastrear categorizaciones, etiquetas, atribuidas desde la sociología, filosofía política o tu programa de mierda favorito para entender qué corchos está sucediendo. Pero ¿alguien alcanza a comprender algo o simplemente atribuyen la palabra política a todo lo que se mueve? Si escuchamos atentamente no oiremos nada. Demasiado ruido, demasiadas palabras vacías y cuando hay que ir a la sustancia del discurso, es demasiado complejo… pareciera que no pueden explicar nada, porque nada puede ser explicado, sino inventado. Un vacío en la política mediática que va a la deriva en el devenir histórico del tecnocapitalismo que, por definición, cada vez se nos muestra menos compatible con las democracias nacionales. 


Dicen, se inventan, que están apuntando más allá de la política institucional. Los tecno-oligarcas imbuidos en su propia mierda de discurso, forzando la hiperstición, despliegan su papel acorde a sus narrativas. ¿Qué nos estamos inventando nosotr_s? ¿A qué nosotr_s estamos dando forma? Pero, una cosa, si vamos a plantear trascendencia para los que les gusta el cine, no nos olvidemos de darle consistencia, cuerpo, con las complejidades, complicaciones y, a fin de cuentas, decepciones que traería aquel destino manifiesto. Como se preguntaron Joffre Dumazedier, André Gorz o Constant Nieuwenhuys, ¿qué será, cómo será, el nosotr_s en la sociedad del ocio? Como Descartes que hallaba triángulos en la naturaleza, trazas de ese futuro, de esa abstracción, nos veremos avocados a registrar para medir las distancias y los vacíos posibilitadores. 

 

Los movimientos populistas, su ansiado renacimiento desde las izquierdas con un idílico frente amplio, la configuración laclauista de esos líderes que “movilizan” masas de votantes atraídos por el vacío de significantes encadenados… ¿por qué seguimos todavía leyendo el mundo desde un Uno? The People Are Not One, reza el título de uno de los últimos libros que hemos leído. Y, sinceramente, después de transitarlo hemos podido comprobar cuán jodida realmente está la situación en Europa. Al final del libro, pensando en las estrategias por las cuales poder volver a establecer vínculos con los movimientos de clase por otro lugar que no sea el del populismo posmoderno o seguir perdiendo el tiempo con las epistemologías astrológicas de las políticas identitarias, alimentando el Castillo del Vampiro y reforzar el hiato entre justicia social y clase trabajadora, empiezan por una propuesta que no parece sencilla: la creación de instituciones sociales desde las que diseminar prácticas y discursos socialistas. Huir con el vacío recuperado, volver al sindicato. Apartar la palabrería de conceptos amplios y acordarnos de los espacios de encuentro y de la conspiración colectiva. Recordar a todas aquellas que nos miran desconcertadas que, simplemente, queremos una casa donde poder habitar, donde poder errar, experimentar. Dejar al lado la recursividad a la que estamos acostumbrados y atender a la capacidad de respuesta ante un mundo cambiante, complejo y cuya comprensión se nos escapa, siempre, por estructura, de las manos. 

 

¿Qué corchos implica ser socialista cuando durante años se ha desanclado su significado? Habrá que inventarla. Empecemos por aquí. Hay una corriente de pensamiento que ha empezado a aparecer hace unos años y que cuando la transitamos no nos parece una mala dirección. La filosofía social se dedica a analizar qué está pasando a nivel institucional, qué antropología o tipo de individuo o ciudadano está siendo definido por los aparatos estatales. Cómo se lo concibe, quién lo impone y sostiene al márgen de las instituciones (ya sea por la cultura, medios de comunicación no oficiales, etc.), qué planteamiento de Estado y población se halla en curso… Hay muchas cuestiones que en España han sido paulatinamente aplanadas por lo que un tal Anton Jäger ha llamado hiperpolítica. En resumidas cuentas la hiperpolítica refiere a algo muy sencillo: se apuesta por y se analizan los efectos afectivos dejando las cuestiones de organización para otro momento (máxima efectividad, mínima densidad organizativa).

 

Las organizaciones como Núcleo Nacional o Desokupa cuando dice organizarse no es más que una enunciación sin nadie atrás, pantallas inconexas que distancian más, si cabe, al receptor del emisor. Como pudimos ver, después del chow y haber convocado a toda esa peña, se piran a cenar, no hay otra cosa que puedan hacer. Estamos en un momento en el que el sacrificio no apunta a ningún valor más que el de la efectividad afectiva. Nos hemos convertido en usuarios que buscan visualizaciones, resultados pomposos que no necesitan una translación a lo real; queremos decir, una acción sin preocupación alguna por el poso político que potencialmente puedan crear. Una hipertrofia, saturación perfectamente legible a nivel político. En un mundo donde todo el mundo es tertuliano, las plazas son una realidad. Las convocatorias para acabar con ella, los gritos de energúmenos y el arribismo de quienes dependen de sus followers, poco o nada tienen que ver con el poder de tener un sindicato u organización social con la capacidad real de establecerse durante semanas en un punto fijo de nuestras ciudades.

 

Volvamos por un segundo a lo que pasó en Ceuta, de lo que hablamos hace unos días. La desinformación desboradaba por todas partes (nadie, ni los propios ceutíes reconocen lo que ocurre y no allí). El hecho navegaba en mares de desinformación, la cual buscaba mediante la pesca de arrastre movilizar la atención hacia una gestión terrible por parte del gobierno central. Pero no se acaba ahí, la cosa sigue cuando escuchamos que el presidente “también se merece unas vacaciones” o enunciados-gérmen nacidos del cálculo porcentual de la inteligentsia electoral. Mucho revuelo. Se constata que está lleno de oportunistas por todas partes. De que una versión de España simpsonizada está circulando con “Hay que defender España”. Alguien grita desde algún rincón “¡pero si son humanos! ¡Es una crisis humanitaria!”. Y así cientos de opinólogos, institucionales o no, buscan instituir y constituir algo que orbita alrededor de las intactas estructuras del Estado. Fragmentos, algunos unidos y confluyendo, otros unidos en la separación y debacle, pero todos sostenidos en narrativas autorreferenciales. O volvamos a la Puerta del Sol, los gobiernos de Almeida y Ayuso han intentado criminalizar la plaza con adoquines, cuchillos que buscan lastimar la “normalidad” democrática de un espacio donde no tiene que ocurrir necesariamente nada. 

 

Estamos jodidos.

 

Hace unos días vimos como unos cuantos creadores de contenido se reunían desde FurorTV para montar un servicio de streaming desde el que permitir educar a la población (ellos mismos tienen un puesto fijo en la acampada de la céntrica Puerta del Sol madrileña). También vimos a Irene Montero presentarse como candidata a las presidenciales respetando lo que esperaría Laclau de un intelectual: un creador de slóganes, comercial, al servicio de causas coalicionadas de orientación de izquierdas. De ahí que haya tantos grupúsculo que haya que representar, necesariamente, en cada mítin: Laclau dio más espacio a la izquierda, la posibilidad del vacío, de otra cosa, para que, fragmentariamente, aumenten los frentes por los que luchar y acabar con la opresión: igual falta innovación. 


Un nuevo servicio de streaming es un pequeño paso hacia una dirección que podría abrir nuevos flujos por el cambio. Lo que se pudo ver en la sesión de los participantes de ese nuevo servicio de streaming fue algo que no se suele ver en muchos sitios. No es tanto una quedada entre cartógrafos sino una reunión de paletas. El gérmen del populismo seguía acosando la sala pero había una chispa que permitía captar una dirección más próxima a los inicios de Mamdani: una aglutinación de los campos en pos de la activación social, regeneración del tejido asociativo y, por fucking sobre todo, dar espacio para la planificación, el pensamiento y demandar lo imposible. De todas formas, podría no ser más que fantasmas invocados por un servidor que se esperanza encima. De ahí esta última frase: siempre hay que guardar un resquicio de escepticismo ante aquellos que ofrecen, o más bien ofertan, trascendencia. 


Hasta el momento lo único que hemos tenido han sido comprobaciones de que la cara de aquellos antagonistas del interés general y la apuesta por lo público y universal, es de jodido cemento. La conciencia burguesa está estructuralmente asentada y alentada dentro del sector de los trabajadores, además de una asunción ya naturalizada de la ideología neoliberal y su consecuente fragmentación social acosada por una lumpenización constante. No se ha dejado de gestionar la austeridad y la miseria resultante de la privatización y la búsqueda incesante del plusvalor. Las revueltas francesas, el levantamiento por la vivienda en España, todo forma parte de una misma realidad que se vuelve imposible: vivir en un capitalismo en descomposición es cada vez menos tolerable. La rabia digna, el resentimiento desanclado, la depresión organizada… mil nombres, estrategias situadas, para un mismo hartazgo generalizado, mundial, que va topando los boiling points habilitando que, con lo puesto, se produzca una eclosión social y asalto institucional. Ya sea con referencias pop occidentales o elementos del manga y anime como sucede en diferentes países del sudeste asiático, se toman las calles anclando, aunque sea para una organización efímera, un ataque, una manifestación, símbolos de unificación social y proyección performativa. En nuestro caso no es solo Maricarmen, sino los suicidios, las depresiones, las impotencias… que acumuladas han reventado la paciencia liberando la indignación. La cual, mucho cuidado, puede verse cooptada, como de costumbre, por la política institucional.

 

Hemos de independizarnos de las instituciones burguesas (de universidades a partidos democráticos, hasta incluso redes para-sociales) ya que seguir ahí implicaría seguir dando cobijo y alimentando aquello que precisamente debe perecer: el modo de producción asentado en las instituciones. No hay, ni puede haber, un capitalismo malo; eso significa que existe alguno bueno. Tal vez, ahora pensando desde China, lo que habría que pensar no es tanto en un capitalismo sano o uno endémico, nadie diría que el cáncer es bueno o malo, sino más bien qué tipo de fuga, de emancipación, de movimiento, habría que planificar con tal de ganar autonomía infraestructural, alterando la antropología institucional mediante una desinstitucionalización y reinstitucionalización de los servicios público, de lo básico, salvando los órganos de este cuerpo que ansía vivir, inventarse. 

 

El espíritu del 15M o los movimientos Occupy, una especie de rememoración del 68 como dicen algunos flipados, es la muestra de que el tiempo se nos acaba y que la brecha es cada vez más corta. Nos estamos perdiendo la mejor parte. Desear nos enseña a perder (y viceversa). ¿Cuándo fue la última vez que deseaste algo más que esa obsesiva e hipocondríaca manera de desear sin pérdidas? La izquierda, para que aparezca, para que empiece a mover algo en el territorio, ha de perder algo por aquello que desea. La razón por la que estamos tan jodidos es precisamente porque no sabemos qué corchos queremos y, por ende, no tenemos ni idea de que hemos de perder. Mientras tanto, encomendados a la esperanza de los despiertos, vemos que la única opción desde la izquierda es el voto inteligente. Desde la izquierda ya no votamos proyectos o planificaciones sociales (la Agenda 2030 contra la que peña rancia solía soltar improperios no era más que una estrategia hiperpolítica. Si no me crees, lee el jodido programa) sino para que no suba la derecha y la extrema derecha, para no quedar como el panolis que “volvió a creer que sí se puede”,  para “aunque no hagan nada, al menos no está peor”…

 

Estamos jodidos si pensamos que esto se va a poder solucionar justo antes de estas elecciones. Lo que se está planteando en estos párrafos escritos un tanto de forma esquizoide requiere de cocción lenta, mimo, cariño, saberse los nombres de los que se está representando, y reconocer que el universal que se está queriendo instituir es complejo de cojones. Por eso se han de tener cientos de ojos por todas partes. No podemos relegarnos a la conspiración o la creación de grupúsculos que apunten al comunalismo como dirán Tiqqun o como se lee en Endnotes, se ha de tener claro cuál es el jodido antagonista y la importancia de nuestra contienda en curso. Incluso si lo estamos haciendo bien, no saltarán las alarmas tan rápido, parecerá que nos hemos equivocado, pero hemos de seguir porque ya saben que si nos dan señales de que les estamos poniendo en peligro insistiremos. Es una partida de ajedrez con una persona infinitada, succionada por un ideal D-D’. 


No olvidemos, las instituciones burguesas están siendo corroídas por dentro, desmanteladas por el tecnocapitalismo. Intromisiones como las de Elon Musk, Peter Thielf, el documental NAZA… la dictadura de los datos, la codificación de parámetros imposibles para el vulgo en las ayudas, llamadas centralitas de IA. La burguesía está cavando su propia tumba y está dispuesta a llevarse a toda la clase trabajadora con ella. Es el deber de todo deseante monopolizar esa descomposición, arrastrarla hacia nuestro lado. Ser tan corrosivos que no puedan reconstituirse, acabar con su no-muerte eterna asentándose el golpe de gracia. Desear y levantarnos, levantarnos al desear, seguir la dirección que queremos y empujarlos de los mandos del gobierno de la catástrofe.


Ya nos veremos en la huelga. Seguiremos en las calles. 



[1] La crítica que se ha hecho es por una reforma referida netamente al consumo, no a las plataformas y la cultura que se ha generado y alimentado en las mismas. Los tecno-oligarcas no tienen ni que preocuparse, seguramente los números hayan sido los mismos que con cualquier otra polémica: cientos de influencers hablando de la caída de los influencers por una semana. Lo que se ha escuchado poco ha sido la crítica a la producción, a la plataforma, a la posibilidad incluso de crear otra red social administrada por instituciones públicas, por y para la población. Lo mismo sucede en otros tantos sectores de la cultura: la crítica no se dirige a la producción sino al consumo, se cuestiona éticamente el uso de ciertas imágenes o la defensa de ciertos discursos con moralinas o juicios públicos (con la típica cancelación de mierda importada de fucking USA), en lugar de atender a qué basura de atención se nos está quedando, a qué planificación social está sujeto ese medio de comunicación, esa red social, etc., o si es posible trenzar toda esta red de otra forma, con otro propósito, con otro horizonte de lo público. No, los influencers van a seguir ahí hasta que no haya cambios en cientos de otros sitios. El intercambio simbólico va a seguir siendo el mismo, la magia va a seguir fluyendo de la misma forma: córneas insensibles al valor, pérdidas en el interés.





Equipo editorial Metaxis, 13/10/2026